El Capital Ha Muerto: del capitalismo al vectoralismo

Capital Is Dead: Is This Something Worse? (2019; O Capital Morreu), de McKenzie Wark, plantea una hipótesis provocadora: el capitalismo industrial ya no sería el sistema dominante, sino que habría sido reemplazado por otro modo de producción basado en el control de la información. Publicado por Verso, el ensayo propone el concepto de “vectoralismo” para describir este nuevo orden económico.

El objetivo de la obra es identificar qué sistema gobierna la economía global tras la crisis de 2008. Wark, profesora de Estudios Culturales y Medios en Nueva York, actualiza categorías marxistas para interpretar un escenario en el que los datos, los algoritmos y las infraestructuras digitales han desplazado la centralidad de la fábrica. Su propuesta dialoga con la tradición crítica y los estudios de medios, manteniendo un tono analítico y profesional.

El núcleo del argumento sostiene que la información es la principal fuerza productiva del siglo XXI. Surge así una nueva clase dominante, los “vectorialistas”, que controlan los vectores por los que circula la información: patentes, derechos de autor, marcas, algoritmos y cadenas logísticas. No se trata solo de poseer fábricas, sino de dominar los flujos informativos que organizan la producción global.

El contexto histórico es determinante. Tras la crisis financiera de 2008, se consolidaron plataformas digitales que extraen valor de la actividad diaria de millones de personas usuarias. Escándalos como Cambridge Analytica evidenciaron el poder de los datos para influir en el comportamiento social y político. En este marco, Wark interpreta que la extracción de valor ya no depende únicamente del trabajo industrial, sino de la captura sistemática de información.

La obra dialoga con análisis como el “capitalismo de plataformas” de Nick Srnicek o el “capitalismo de vigilancia” de Shoshana Zuboff, pero va más allá al afirmar que no estamos ante una evolución del capitalismo, sino ante algo potencialmente peor. El vectoralismo describiría un sistema con capacidad ampliada para acumular riqueza y neutralizar resistencias.

Estructurado en siete capítulos, el libro combina teoría económica y reflexión histórica. Entre sus influencias figuran J.D. Bernal y la Internacional Situacionista, de la que recupera el détournement como herramienta crítica. Para Wark, comprender el vectoralismo es el primer paso para formular alternativas políticas y culturales en el siglo XXI.

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