El relato tras la imprenta

Tal día como hoy hace 553 años tuvo lugar, en Maguncia, el fallecimiento de Johannes Gutenberg, el orfebre que pasó a la historia como el inventor de la moderna imprenta de tipos móviles (un invento, sin duda, fundamental para la divulgación del conocimiento). Este hecho propició que, cinco siglos después, el número de escritorxs, lectorxs, editoriales, bibliotecarixs, librerxs y amantes de la cultura y del saber en general aparentemente “en deuda” con Gutenberg se cuente por miles de millones. 

Sin embargo, la de Gutenberg es una figura controvertida, pues no son pocas las voces que, desde hace mucho tiempo, lo acusan de apropiación. Entre ellas están la del médico y humanista belga Hadrianus Junius, y la del escritor holandés Petrus Scriverius. Ambos cronistas reconocen a Laurens Janszoon Coster como el inventor legítimo de la imprenta. Tres décadas mayor que Gutenberg, y con una dilatada carrera como fabricante de velas, Coster comenzó a experimentar con la talla de tipos en madera, para pasar después a trabajar con plomo y latón. Según algunas voces, fue Johan Fust, uno de sus colaboradores, quien, cuando el trabajo en esta nueva imprenta estaba ya avanzado, robó guías, prototipos y materiales del taller de trabajo de Coster para después asociarse con Gutenberg, quien pulió y perfeccionó el método que lo haría famoso. 

Pero no es el único caso: aunque con menor credibilidad, otra de las historias más contadas sobre la invención de la imprenta es la que atribuye la misma al impresor italiano Panfilo Castaldi. Según esta versión, Castaldi (contemporáneo de Gutenberg y Coster) conoció a través de Marco Polo la técnica de impresión en bloques de madera empleada en China. Con este conocimiento como base, Castaldi comenzó a experimentar con tipos móviles realizados en cristal artesano, que posteriormente incrustaba en moldes de madera. 

Sea cierta o falsa esta última versión de la historia, cuenta con un importante punto a favor: es la única que reconoce el origen real de la primera imprenta del mundo, China. Reconociendo este hecho reconoce también la influencia de una técnica nacida 600 años antes de los primeros intentos de Gutenberg, Coster y tantos otros varones occidentales que, a lo largo de la historia, compitieron (en su nombre o en nombre de otrxs) por el título de “inventor de la imprenta”. Un hecho que a menudo olvidamos cuando, con una visión etnocéntrica de la historia, construimos nuestro relato con el foco puesto en los logros conseguidos en Occidente, invisibilizando y menospreciando nuestra deuda con culturas y sociedades de todo el mundo.

📷 Imagen: Sutra del Diamante.

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